El río Bernesga

Lorenzana

Uno de los elementos más identificativos de Cuadros es el río Bernesga, que vertebra el territorio de norte a sur y define su paisaje.

A su paso por Cuadros el río está ya en su tramo medio, unos kilómetros antes de unirse al Torío por debajo de la ciudad de León. Su nacimiento está en las cumbres de la cordillera Cantábrica, donde su juventud le hacen un arroyo altivo y cargado de energía; pero aquí sus aguas están más sosegadas, lo que permite el desarrollo de un bosque de ribera bien estructurado.

Se piensa que el nombre de Bernesga podría vincularse a Vernisca, como aparece referido en algunos documentos antiguos; en este caso se referiría al hidrónimo de origen indoeuropeo –vern-, que significa agua. En su devenir desde sus fuentes, el Bernesga ha atravesado hoces, como las de Tuerio, y exiguas vegas. Pero en Cuadros sus aguas han labrado, a lo largo de millones de años, un cauce irregular que, en su margen izquierda, se muestra mucho más agreste con algunas cárcavas excavadas sobre los vistosos depósitos de arenas rojizas; por el contrario, en su margen derecha ha modelado una amplia vega que ofrece condiciones óptimas para la agricultura gracias a la bonanza que el agua aporta a su paso. Ello ha propiciado que el bosque de ribera que se asentaba en estas terrazas haya sido profundamente transformado en prados, tierras de labor, huertos y frutales, separados por setos vivos, cierros o sebes, lo que ha generado un paisaje agrario tradicional de gran valor ambiental. Este mosaico se mantiene gracias a las numerosas presas que, a través de puertos, derivan el agua del río para fertilizar los rincones más alejados del cauce.

Entre Cuadros y Cabanillas el río es derivado a la presa de Cuadros, una antigua acequia de riego cuyos márgenes acogían, a principios del siglo XX, ocho molinos, una sierra, un batán y una fábrica de luz. Sus márgenes todavía se afianzan con tupido entramado elaborado con ramas de sauce trenzadas, que bien justifican un paseo para observar este efectivo y singular sistema constructivo… Hacia el sur del municipio, la presa se continúa en la del Bernesga, también conocida como presa del Infantado, una gran canalización que conduce las aguas del Bernesga hasta Vega de Infanzones.

Alisos y sauces definen el pasillo vegetal que acompaña al cauce. Apenas una estrecha franja arbórea que ha sobrevivido al manejo ancestral de esta vega. Con sus raíces casi permanentemente encharcadas, estos árboles prolongan sus ramas hacia el cauce, generando sobre el agua zonas de sol y sombra óptimas para la trucha y para los muchos insectos de los que estas se alimentan.

Algo más alejados del cauce prosperan otras especies arbóreas menos exigentes en sus requerimientos hídricos, aunque necesitan la permanente frescura del suelo. Olmos o negrillos, fresnos, chopos y álamos, constituyen un soto profundamente transformado por el hombre. El curioso mosaico vegetal que conforman prados y fincas conjuga, como pocos sistemas humanizados, el uso agrario tradicional y el paisaje natural.

Gran parte de las tierras, fincas y prados están separados entre sí por cierros, setos vivos que se preparan a partir de la vegetación natural. Su estructura lineal se consigue tras podas anuales sucesivas de las paleras (sauces) cuyas ramas, muy flexibles, se van entrelazando con minuciosidad con las de otros arbolillos y arbustos hasta conformar el cerramiento. No faltan en este entramado, además de las paleras o sauces, boneteros, rosales silvestres, espinos albares, endrinos, zarzamoras o saúcos entre otras muchas especies.

La sebe, como se conocen en León estas estructuras, es propiedad del dueño de la finca hacia la que se anuda y él es responsable de su mantenimiento y se beneficia de la producción obtenida. La presencia de sebes es muy beneficiosa, tanto para las fincas como para el entorno, ya que estos entramados de ramas ofrecen multitud de recursos a todo tipo de invertebrados, pajarillos, pequeños reptiles y mamíferos, que encuentran en ellos refugio y alimentación. Pero también contribuyen a la regulación del ecosistema, a la preservación del suelo y a la producción de no pocas especies vegetales con aplicaciones en alimentación o en le medicina tradicional. Ofrecen también rincones óptimos para un paseo sosegado, así como un paisaje rural que, a duras penas, sobrevive en un mundo cada vez más urbano.

El río ofrece rincones que bien justifican una paseo junto al cauce. Son muchos los vecinos que, cada temporada, disfrutan de la pesca en sus aguas, un lance tras otro, con paciencia, hasta que pica una trucha. Conocen bien al mirlo acuático y a la lavandera cascadeña. Y tampoco son ajenos a la presencia de la nutria, cuyos excrementos se identifican con facilidad sobre las piedras del cauce por su color verdoso y su olor característico. En ellas es frecuente encontrar espinas y, muchas veces, restos de los caparazones del cangrejo señal, que tras su introducción, ha poblado estas aguas desplazando por completo al cangrejo autóctono.

El paso de las estaciones es especialmente vistoso junto al río y en la vega. La primavera, con sus verdes brillantes, hace reflejar la incipiente luz en hojas y ramas; las aves se afanan en buscar pareja y sus trinos son incesantes. Luego, más cautelosas, no paran de volar de aquí para allá cazando y cebando los nidos. El verano sosegado se hace sentir con la brisa de la tarde en el ramaje y el sonido de las ranas que no paran de croar al anochecer en las zonas encharcadas. El otoño empuja al ratón de campo a buscar los últimos frutos secos; muchas aves inician su vuelo migratorio en busca de mejores climas. Las sebes con sus hojas tornadas se van despendiendo de ellas poco a poco, hasta que quedan desnudos los gruesos troncos, en los que todavía se adivina algún retazo de vida. Es el único momento en que las sebes desvelan su compacta, aunque frágil estructura…