El pinar de Camposagrado

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El pinar de Camposagrado ocupa una considerable extensión, alrededor de tres mil hectáreas. Su grado de naturalización permite la presencia de una avifauna propia de este tipo de bosques, a la que hay que añadir una amplia comunidad ornítica ligada a los matorrales, ya que esta formación ocupa gran parte de la orla perimetral del pinar y contribuye a incrementar la lista de especies de aves que presentes en la zona.

La facilidad de acceso al pinar y su tranquilidad, hacen de él una zona idónea para pasar un buen rato disfrutando de la observación de aves en su entorno natural.

Los pinos ofrecen muy distintas posibilidades a las aves, de modo que cada especie se ha adaptado a vivir y aprovechar los distintos recursos disponibles en las ramas, en las copas, en los troncos, en las cortezas o en el suelo.

Las cortezas de los pinos adultos son gruesas y rugosas; en ellas viven numerosos insectos que rebusca el pico picapinos con su larga lengua. El herrerillo capuchino, de pequeño tamaño, exhibe una vistosa cresta que le hace inconfundible. Aunque vive en todo tipo de bosques, muestra cierta querencia por los pinares. El carbonero garrapinos frecuenta las ramas despejadas; se distingue por la mancha blanca que exhibe en la nuca. El pinzón vulgar es sedentario; el macho tiene una coloración rojiza, parda y gris azulada, mientras que la hembra es más verdosa. Las dos franjas blancas que muestran ambos en las alas facilitan su identificación. El camachuelo es inconfundible por sus tonos rojos y negros, mucho más intensos en los machos.

Las semillas de los pinos se desarrollan en el interior de los conos o piñas; gracias a su pico, el piquituerto se ha especializado en separar las escamas para acceder a ellas.

El gavilán, un hábil cazador de hábitos discretos, acecha a sus presas desde las ramas, que captura tras un ágil vuelo entre el follaje.

En la orla del pinar y allí donde los pinos han desaparecido y se incrementa la insolación del suelo el cambio de la comunidad vegetal es notable. Prosperan brezales y otros matorrales que sirven de refugio a algunas aves ligadas a medios forestales muy abiertos, como algunos escribanos o la curruca rabilarga, muy querenciosos por este tipo de ambientes.

Circundando el pinar, todavía se mantienen algunas zonas de cultivos de secano, principalmente tierras de centeno. A ellas se asocia la presencia de especies de hábitos esteparios, como la perdiz roja o el bisbita campestre.

 

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