Transición montaña-páramo

paramo

León goza de una diversidad geológica muy elevada y, a lo largo de su territorio, pueden reconocerse numerosos espacios en los que las rocas, muy variadas en lo que a su naturaleza se refiere, configuran paisajes variopintos y muy singulares que hacen de esta una de las provincias españolas con una mayor geodiversidad. Al norte y al oeste se elevan, respectivamente, la cordillera Cantábrica y los Montes de León, sendos complejos montañosos de una complejidad estructural muy alta en los que predominan las rocas sedimentarias o, lo que es lo mismo, aquellas que se formaron a partir de los sedimentos depositados en una antigua cuenca de sedimentación, en este caso, un arcaico mar del Paleozoico (hace 500-280 millones de años). En la mitad sur y hacia el este de la provincia aparece la Cuenca del Duero, con relieves mucho más suaves y constituida por rocas mucho más modernas y, por lo general, mucho menos cohesionadas. El municipio de Cuadros se sitúa en la transición entre la montaña y la llanura, más concretamente entre el borde meridional de la cordillera Cantábrica y el extremo septentrional de la Cuenca del Duero.

El origen y la evolución de las montañas situadas al norte de este municipio son los grandes responsables de la geología que en él puede observarse en la actualidad, de la naturaleza de sus rocas y, por tanto, de su fisonomía y su paisaje. Las rocas que constituyen la cordillera Cantábrica fueron gestadas en una cuenca que, durante el periodo Carbonífero (hace unos 300 millones de años), sufrió los efectos de la orogenia Varisca, motivada por el choque de los dos grandes continentes que la delimitaban. Como consecuencia de ello, los sedimentos depositados en su fondo fueron comprimidos, deformados y elevados, surgiendo así una gran cordillera (embrión de la actual cordillera Cantábrica). Este joven sistema montañoso desarrolló su propia red de ríos que se sumaron a una larga lista de procesos geológicos que provocaron la erosión paulatina de aquellas antiguas montañas. Todos los fragmentos generados por la erosión fueron transportados por dichos ríos y depositados fuera del ámbito de la cordillera, en zonas ligeramente alejadas y de menor pendiente, dando lugar a enormes abanicos aluviales que configuraron un paisaje muy característico al pie de las montañas, en este caso en su borde meridional.

Durante el periodo Paleógeno (65-60 millones de años), tuvo lugar un nuevo choque de continentes que dio lugar a la orogenia Alpina; el resultado fue una nueva deformación y elevación de la cordillera Cantábrica, que adoptó la estructura que muestra en la actualidad. Como fruto de esta nueva elevación, los procesos erosivos se reactivaron y la cantidad de materiales arrastrados por la red fluvial se intensificó. Las áreas en las que se depositaban estos sedimentos recibieron grandes aportes que se organizaron dando lugar a superficies más o menos llanas y algo elevadas denominadas “rañas”. La propia red fluvial local, encabezada por el río Bernesga, se vio obligada a encajarse en estos sedimentos para poder seguir su curso, dando origen a valles delimitados por amplias superficies de raña en la que predominan los materiales anaranjados y por rocas poco cohesionadas del Paleógeno y del Neógeno (antiguamente denominados de forma conjunta como periodo Terciario). En el fondo de los valles principales, ya en el periodo Cuaternario (desde hace 2 millones de años hasta la actualidad), los ríos han depositado materiales arrastrados desde cotas más elevadas que pueden reconocerse en las fértiles vegas del municipio de Cuadros.

La singular estructura geológica de este espacio puede visualizarse desde prácticamente cualquier punto del municipio, aunque para obtener una visión global es recomendable acceder a algún punto algo elevado, desde donde pueda obtenerse una visión general de las rañas y de la cordillera Cantábrica.

 

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