Lorenzana

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El más próximo a León de los pueblos del municipio, Lorenzana, es una localidad dinámica, que en los últimos años ha crecido de forma considerable, sin perder por ello su esencia rural. Su ubicación junto a la “hoja de Camposagrado”, y a la actual carretera de Caboalles, siempre ha favorecido ese dinamismo. Por el cordel de la trashumancia trasegaban cada año los rebaños de merinas en su subida a los puertos de Luna y Babia o en su retorno a los invernaderos de Extremadura.

Para algunos estudiosos el nombre de Lorenzana podría remontarse a la romanización de León, cuando no era raro que una villa rural recibiese el nombre de su propietario. Lorenzana podría ser la villa de “Laurentius”, Lorenzo, nombre al que se añade el sufijo –ana, “laurentiana”. Sin embargo, en la documentación medieval el pueblo aparece como “Oronzana”, lo que haría pensar que el propietario fuera “Orontius”, nombre también empleado en Roma.

Sea como fuere, el pueblo se ubica junto a una de las calzadas que discurrían junto al Bernesga y comunicaban León (Legio) y Lugo de Llanera (Lucus Asturum). En la zona se han encontrado tégulas romanas, lo que a falta de otras evidencias arqueológicas, apoyaría ese posible origen. La localidad actual se remonta a las constatadas repoblaciones efectuadas por los reyes en la Alta Edad Media. Siempre fue lugar de realengo, integrado en la jurisdicción de León, hasta que en 1630, el rey Felipe IV vende el pueblo y sus habitantes a don Álvaro de Quiñones que, en 1642, se convierte en el primer marqués de Lorenzana. Tras la abolición del antiguo régimen, Lorenzana se integra en el municipio de Cuadros.

El Madoz de 1850 recoge algunas singularidades del pueblo, como su ubicación “entre las cuestas de Camposagrado y la ribera del Bernesga” o su clima, “muy frío en invierno y abrasador en el verano”. Alude también la existencia de 46 casas, 40 cubiertas de paja y las restantes de teja; y la existencia de una escuela de primeras letras “por temporada”, dotada con 300 reales, a la que asistían 28 niños y niñas. Destaca las buenas aguas potables y el mal estado de los caminos, así como la existencia de arbolado “silvestre y frutal”. Lorenzana producía entonces “mal trigo”, centeno, cebada, garbanzos y otros; lino, hortalizas, frutas, patatas, pastos. Criaba ganado vacuno, caprino, lanar y yeguas, así como pavos, una actividad muy extendida antaño en varios pueblos del alfoz y completamente perdida en la actualidad. También disponía de caza, “codornices, perdices y alguna liebre”, y de pesca de truchas, barbos y anguilas, especie esta última que hoy, resultaría impensable. En el municipio se elaboraba “hilo e hilaza”, que se vendían en la ferias de León. Contaba también con cuatro molinos harineros. Más detallado que el inventario de los otros pueblos, resulta curioso que el Diccionario refiera también las enfermedades comunes en Lorenzana, entre las que figuran “alguna fiebre y dolor de costado”.

En Lorenzana sobresale entre el caserío, su iglesia, bajo la advocación de Santiago Apóstol. Aunque su fábrica original se remonta al siglo XI, está muy modificada tras las remodelaciones de los siglos XVII y XVIII o la recuperación del campanario llevada a cabo en 1860. Construida en canto rodado y argamasa de cal, presenta una sola nave y, en el exterior, una vistosa torre junto a la espadaña, que aloja la escalera de acceso al campanario. En su interior, el retablo del siglo XVIII está presidido por una imagen de Santiago en su forma de peregrino; también barroca es otra imagen de san Antonio y una pila bautismal del siglo XVIII. Guarda así mismo unas imágenes de santa Lucía, santa Bárbara y la Virgen del Rosario con el Niño Jesús.

El pueblo muestra una sentida devoción al Cristo de Lorenzana, que se tiene por muy milagrero. La ermita, cuya construcción posiblemente se iniciara en el siglo XVIII, está situada junto a la actual carretera. En ella se festeja cada 14 de septiembre al Cristo de Lorenzana en una concurrida procesión con pendones, cruz procesional y faroles, y la imagen del Cristo acompañada de otra de la Virgen y la de Santiago, titular de la parroquia.

El actual aspecto de la ermita se debe a la reconstrucción efectuada en el siglo XX, cuando también se decoró su interior con las pinturas que exhibe. En ella se venera la imagen del Cristo, del siglo XVI, y una talla de la Virgen de traza románica.

En una casa tradicional restaurada hace apenas unos años, el pueblo tutela con orgullo “La Casa de la Cultura Antigua”, un museo etnográfico que reúne un valioso conjunto de piezas donadas por los vecinos. Presenta diversos aspectos de la vida tradicional, los oficios, ocupaciones, útiles y aperos, costumbres y tradiciones, etc., de los pueblos de la ribera del Bernesga durante el pasado siglo.

 

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