Arquitectura tradicional

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La arquitectura tradicional refleja, como pocos elementos, la forma y el estilo de vida de las gentes de una comarca; su historia y evolución está ligada a la de esas mismas gentes, a sus oficios y ocupaciones y al manejo que han hecho de su entorno. La arquitectura es la materialización de un saber ancestral, de un profundo conocimiento del entorno capaz de optimizar el aprovechamiento de los recursos, de adaptarse a sus imposiciones de una forma lógica, sencilla y eficiente. Responde a condicionantes geográficos locales, a la climatología y, de forma muy especial, a los materiales disponibles en la zona. Se trata de un legado singular, muchas veces infravalorado, que en los últimos años está empezando a adquirir, al menos en parte, su valor.

Por su ubicación geográfica, Cuadros custodia una cierta diversidad constructiva tradicional, al ubicarse en una zona de transición entre la montaña y las llanuras que caracterizan las comarcas meridionales de León. Ello condiciona, al menos en parte, el tipo de suelo y materiales disponibles para la construcción: en las zonas más septentrionales, la piedra todavía es un recurso suficiente que, poco a poco, da paso a enormes depósitos de arcillas rojas que se adueñan del paisaje. De igual modo, el sosiego del río propicia el depósito de muchos de los materiales que transporta consigo, de forma que los cantos rodados pasan a integrarse en las construcciones populares. Así, cantos rodados, arcilla y paja, en forma de adobe y de tapial, se convierten en los elementos constructivos básicos. No faltan tampoco el ladrillo, ni las tejas cocidas en alguna de las tejeras locales. La madera de los montes complementa algunos elementos constructivos, como los corredores, así como ventanas y portones carreteros, habituales en muchas de estas construcciones.

La bonanza de la vega regada por el Bernesga ha potenciado el desarrollo de una actividad agraria más extensa que la se practica en los valles más montañosos, de vocación ganadera. Aquí la agricultura forma parte de las actividades cotidianas y tiene también su repercusión en la estructura y distribución de las casas.

En los núcleos situados al norte del municipio predominan construcciones en piedra, con una mampostería de canto rodado trabajado, que se completa, con piezas de sillería de piedra caliza gris y rosada destacando puertas y ventanas. También se conservan algunas casas con corredor, más propias de los valles de la montaña leonesas. En Cuadros, Santibañez, Campo o Lorenzana los recercados se hacen de ladrillo y empiezan a tener presencia construcciones mixtas de adobe y tapial que alternan con otras de cantos rodados unidos con mortero de barro, lo que les da el característico color anaranjado que exhiben.

Las casas son unidades de funcionamiento autosuficiente. En ellas, además de la vivienda familiar, se disponían las distintas dependencias necesarias para el procesado y almacén de los productos del campo, para los aperos y útiles de trabajo y para el ganado, caballerías y otros animales de casa. Muchas de ellas presentan planta cuadrada, con un amplio corral interior, desde el que se distribuyen la propia vivienda, y los pajares, corrales, cuadras, leñeros, portalones, cobertizos, etc. Anejas a la casa, la familia disponía de huerto y no solía faltar tampoco una pequeña bodega, en la que se obtenía una exigua producción de vino de uso familiar. En Santibáñez se conserva un interesante conjunto de estas construcciones subterráneas.

Las casas solían presentar una o dos plantas. Se accedía por un portón carretero, muchas veces protegido por el vuelo del tejado. En el interior, la planta superior de la vivienda, muchas veces muestra un corredor de madera orientado a mediodía, al que se abrían las dependencias utilizadas por la familia. La cocina siempre tuvo un especial protagonismo, con el hogar en el suelo dispuesto sobre una plataforma de barro, alrededor del que se articulaba la vida. Además, casi todas las casas contaban con la cocina de curar la matanza, junto a la que solía encontrarse el horno, y la despensa, pieza fundamental en unidades de subsistencia. Las habitaciones podían abrir al patio o situarse en la planta superior, al igual que la panera, donde se almacenaba el grano y otros productos del campo.

Muy interesante es el sistema de preparación de los tabiques de estas casas, denominados costanas; un entramado de ramas finas de chopo entrelazadas con paja de centeno y recubiertos de barro, que después se encalaba.

Pero no solo hay que fijarse en las casas para percibir la arquitectura tradicional de un pueblo. La propia estructura urbana, las fuentes, abrevaderos, lavaderos, el potro, la iglesia, la escuela, las ermitas, etc., conforman conjuntos de gran interés. En el caso de Cuadros resultan especialmente vistosos los muros y cercas que se conservan en muchos pueblos, levantados en tapial, un material muy sencillo, elaborado a base de un encofrado de barro, paja triturada y agua. Para aislarlo de suelo, el tapial se colocaba sobre un zócalo de piedra, levantado con cuatro o cinco filas de cantos rodados unidos con barro. Por arriba, se protegían de la inclemencia con un entramado vegetal de ramas de brezo y tapines que reciben el nombre de bardas. Aunque no son exclusivos de estos pueblos, en ellos se conserva un conjunto de especial interés.

A finales del siglo XIX el municipio vivió un momento de expansión, reforzado por la llegada del tren. El desarrollo económico ha quedado reflejado en una incipiente arquitectura industrial, de la que quedan algunos testimonios dispersos, como chimeneas de ladrillo de las antiguas tejeras y un amplio conjunto de molinos en distinto estado de conservación, algunos de los cuales mantienen aún sus mecanismos.

Estos elementos de la arquitectura tradicional que aparecen dispersos por todo Cuadros, resultan muy accesibles solo con dar un paseo tranquilo por cualquiera de los pueblos. Santibáñez, por ejemplo, reúne un conjunto de casas singular, y en Cascantes, las casas de su calle principal han sido catalogadas en la normas de ordenación urbana, como elemento singular a proteger. Cabanillas conserva algunas preciosas casas, cuyos corredores de madera se adornan con parras. Valsemana guarda la esencia de la vida popular.

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