Fiesta del Verano. San Blas

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La Seca. Ultimo fin de semana de julio

El último fin de semana de julio La Seca celebra la fiesta del verano, “una fiesta de las buenas”, en la que incluye la celebración de San Blas, que se festeja el tres de febrero.

Hay misa mayor, tras la que sale la procesión por las calles próximas a la ermita del santo. Se canta el himno mientras los porteadores se animan a “bailar” la imagen, haciendo muy vistoso el acto. Antaño, una antigua cofradía de San Blas era la encargada de organizar la veneración al santo.

Después de los actos religiosos, la tradición obliga a degustar el aguisao, que se ofrece a todos los asistentes. Se trata de un plato consistente, propio del día de fiesta, del que se dice que “hay que comer con el paladar, y no con los ojos”, pues aunque su aspecto no es muy apetitoso, es una comida muy sabrosa. Se elabora con diversos productos de la matanza, tanto de cerdo como de chivo, al que se añaden además sopas.

San Blas es un santo muy popular, quizá por su carácter humano y bondadoso. Se considera un santo protector, considerado un eficaz intercesor.

La tradición cuenta que nació en Sebaste, en Armenia, donde fue médico y llevó una vida de ermitaño. Al quedar la sede episcopal vacante, fue elegido por unanimidad, ya que era muy apreciado entre sus conciudadanos por la vida ejemplar que llevaba. Era conocido por su don de curación. Su milagro más reconocido fue el salvar a un niño que se atragantó con una espina de pescado. De ahí la costumbre de bendecir las gargantas el día de su fiesta y por eso también se le invoca como abogado contra las enfermedades de la garganta y como protector de los niños.

 

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